Sopa Bortsch

Un lunes a la noche nos encontrábamos viendo la película Julie & Julia. Aquella película en la que Julie Powell decide hacer todas las recetas del libro Mastering the Art of French Cooking de Julia Child. Decide, además, escribir sus experiencias culinarias en un blog. El lunes a la noche, cenando, a Agustina, apodada por mí como Tota, se le ocurrió la maravillosa idea de agarrar el libro La cocina divertida de Blanca Cotta, e implementar la misma idea que el personaje de Julie había tenido. Sin embargo, decidimos cambiar un poco las reglas del juego. Yo, Cecilia, escribiré los errores y aciertos que Tota tendrá en la cocina. Y si bien Tota realizará todas las recetas de Cotta, no lo hará en trescientos sesenta y cinco días como Julie lo hizo. ¿Cuánto tardaremos? No lo sabemos, pero justamente eso es lo que lo hace más divertido.

El libro La cocina divertida de Blanca Cotta es del año 1989. El libro con el que cocinará Tota pertenece a la cuarta edición, publicado ese mismo año. Llegó a nuestra familia un año después, en 1990. En la dedicatoria se encuentra escrito en letra azulada y cursiva el nombre de mi madre y el bendito enero del 1990. A mi padre le preocupaba, por su inevitable y extremo gusto por la comida, que mi mamá no supiese cocinar. Entonces, tomó la decisión de comprar el libro y regalárselo.

INGREDIENTES:
-Cebolla picada, 1 taza
-Remolachas crudas peladas y picadas, 2 tazas
-Zanahorias raspadas y picadas, 1/2 taza
-Blanco de apio picado, 1/2 taza
-Tomates al natural picados y con todo su jugo, 1 lata
-Caldo de verduras, 4 cubitos
-Agua, cantidad necesaria
-Sal y pimienta, a gusto
-Crema de leche batida espesa, 200 gramos

PREPARACIÓN:
1. Ponga en una cacerola grande las remolachas, la cebolla, las zanahorias, el apio, los tomates y los calditos de verdura.
2. Cubra generosamente con agua los ingredientes y deje hervir hasta que las verduras estén bien cocidas.
3. Retire del fuego y entibie.
4. Licue por partes, hasta obtener una crema color rubí.
5. Vuelva a poner la sopa en la cacerola, sazónela con sal y pimienta a gusto y caliéntela bien.
6. Sírvala en cazuelitas, coronando cada una, en el momento de servir, con un copo de crema de leche batida espesa.

¡Hola, amiga! ¿Amiga? Blanca Cotta, ¿No te parece que las mujeres no son las únicas a las que les gusta cocinar? A Tota ni siquiera le gusta, pero lo va a intentar. El libro de Cotta comienza de esa manera. "Que mal", pensé. Pero continué leyendo y debo decir que se nota que Cotta estudió Letras. Saber que fue Profesora en Letras me dio más ganas de documentar las hazañas de Tota. Continué leyendo y me encontré con la siguiente frase: "No se asuste... Ya sé que usted es mucho más linda (¿o lindo?, y más joven...) Lo único que pretendo es que "mi libro" se convierta, realmente, en "su libro". Bueno Cotta querida, gracias por reparar de manera tan rápida tu error. Te perdonamos. Y quedate tranquila que tu libro será, también, nuestro libro.

Las hazañas de Tota comienzan en la verdulería. Comprando los ingredientes, Tota pidió apio y el verdulero le preguntó si quería la hojita. Ella respondió que quería ver todo, porque ni siquiera sabía lo que era el apio, y menos lo que era el blanco de apio. Podríamos tomar su desconocimiento como un primer indicio de que la Sopa Bortsch saldrá mal, pero como bien se sabe, no se puede juzgar a un libro por su portada. En casa, leyendo los pasos, Tota me pidió que busque en Google cómo hacer copos de crema salada. Busqué, ella miró, y concluyó: "La voy a inventar, ya está". Podrán notar que estamos haciéndole caso a Cotta; "Algunas páginas tienen, en el ángulo inferior, un recuadrito para que usted cobre coraje y haga sus propias experiencias".
Un gran inconveniente en el plato de Tota fue la pimienta. "Si no hay pimienta no puedo hacer la receta. Hoy no cenamos" El dramatismo llenó la sala. "¿Cómo puede ser que no haya pimienta?". Y la pimienta nunca llegó. Y no importa. El arte no se basa en ser perfecto.
La ignorancia culinaria prosiguió con frases como; "Ce, vení... Para que sea sopa tiene que ser más líquida, ¿No?" y preguntas a mamá del tipo "Si bato mucho la crema, se me va a cortar, ¿No?". No obstante, no hace falta saber mucho para que una sopa tenga un buen sabor. Antes de probarla, se mencionó el humorístico comentario de que mañana nos vamos a ir por el inodoro. Hasta que, el sabor llegó. Sobre la mesa de madera y el mantel blanco con rayas rojas, probamos la Sopa Bortsch de Tota. La sopa de Tota generó gran impresión en la familia. Mamá dijo que se sentía emocionada, porque no le tocaba cocinar a ella (se nota que no somos una familia de cocineros). Papá, ante la deliciosa cucharada, preguntó que cómo se llamaba eso que estaba comiendo. Tota te felicito. Para ser tu primer plato Cotta estaría muy orgullosa.

Lo que más me llevo de la comida de Tota es que hizo que durante la cena los problemas que son enunciados en los noticieros no fueran tema de conversación. Nos quedamos callados ante la sopa. Nadie habló. Su sabor fue la única palabra.

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